Dar valor a las emociones es un ejercicio poco frecuente y muy necesario. Va más allá del hecho de nombrarlas. Un ejemplo ilustrativo sería que cuando nos presentan a alguien nos dicen su nombre, pero eso no implica conocer a la persona. Con las emociones ocurre igual 🙂 Es necesario adentrarse en uno mismo, sujetos activos y capaces de emocionarnos para conocer, reconocer, aceptar y amar nuestras emociones, no siempre agradables, aunque todas necesarias.

Conceptos como satisfecho, sobrecogido, rabioso, triste o alegre tienen un valor diferencial respecto a otros como: “estoy bien, mal o regular”. Esto es nombrar, pero validar, es ir más allá.

Dar VALOR, pararse, reconocerse y reconocer al otro, tenga la edad que tenga, dejando claro que estamos de su lado, permitiendo que sus emociones se expresen es garantía de éxito. Es conectar con uno mismo y con los demás. Es sentir y dejarse sentir. No juzgarse. Recoger lo que nos están contando sin aconsejar, investigar o querer dar soluciones; acompañar sin hablar, con una mirada, un gesto o una frase tipo: “Déjalo salir o te entiendo no es fácil” produce una gran sensación de validez y reconocimiento.

Supone reconocer que las emociones no son ni buenas ni malas, que se nos imponen y que tenemos derecho a sentirlas. Sobre ellas lo mejor que podemos hacer es aceptarlas y aprender a nombrarlas para poder expresarlas. Eso es lo que nos permitirá manejar las conductas que se derivan de ellas.

Habitualmente y sobre todo con los niños, lo que hacemos es lo contrario. Nos centramos en los hechos (comportamientos) o en los pensamientos (mensajes internos) con frases como: “Qué buena idea o qué mal lo has hecho” sin tener en cuenta qué están realmente sintiendo y sin reconocérselo normalmente por miedo a perder el control de su respuesta.

🧏‍♀️ Ej. Un niño se cae a la vista de todos sus amigos ¿Qué habría que hacer para validar su emoción?

1º – Escucharle, permitir que se exprese y devolverle literalmente su emoción. No es imponerle una emoción nuestra, si no respetuosamente dejarle investigar libremente y guiarle hacia la oportunidad de que pueda poner una palabra que le explique por qué se siente así.

Ej. Mamá, me he caído…me he hecho mucho daño.

Madre: ¿Te has hecho mucho daño, ¿verdad?

Hija: Sí mucho y además se han reído de mí.

Lo que no se debe hacer es:

❌ Minimizar: “No creo que sea para tanto hija, eres una dramas”.
❌ Negar: Responder preguntando, por ejemplo: “¿Qué has comido hoy?”
❌ Racionalizar: “Los niños aprenden a base de caídas. Hay que ser fuerte”.

2º – Reconocerle el derecho: “Tienes todo el derecho del mundo a sentir este dolor”.

3º – Validar su emoción en el contexto: “En tu lugar cualquier otra niña también lloraría. Entiendo que te puedas sentir así”.

4º – Ponerse a su disposición: “¿Puedo hacer algo por ti?”

5º-  Si el niño lo solicita, se le responde: Ej. “Mamá, dame un beso o ponme bien la mochila” Se le hace caso como manera de darle validación, pero no se le impone la solución.

6º – Guiarle en la respuesta adecuada: Si el niño tiene una reacción impulsiva (dar una patada al aire o tirar la mochila, pegar a su hermano pequeño como manera de manejar la frustración) hay que enseñarle a aceptar la emoción y ponerle nombre.

Validación Emocional - Acción Familiar

Fuente: Emocionat (https://www.psicoemocionat.com/que-es-la-validacion-emocional-ejemplos/)

 

En este enlace se explica todo con detalle: https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=438FzwH1cAc

➡️ Para cualquier consulta puedes contactar con nuestro Servicio de Orientación Familiar en el 914461011 ext. 1 o en unifam@accionfamiliar.org.