La creciente soledad de nuestros mayores, una tarea importante y urgente que nos compromete a todos

Por: Antonio Jesús Sánchez-Fuentes
13 MAYO 2020

Los tiempos especialmente convulsos que vivimos, tienen su origen en la pandemia sanitaria originada por el coronavirus SARS-COV-2 que en sólo unos meses (fue detectado por primera vez en Wuhan, China, a finales de 2019) afecta ya a la práctica totalidad de los países y se ha transformado en una crisis global que tiene derivas muy importantes más allá de la sanitaria. Entre otras, sus implicaciones sociales y económicas probablemente conlleven cambios significativos en ámbitos como el educativo, laboral, comercial e institucional, por destacar algunas. Para cada ámbito que analicemos, existirá una gran variedad de situaciones en los distintos países y territorios, aunque sí que se pueden extraer dos consecuencias que aplican de forma casi global.

«Tanto la enfermedad covid-19 en sí misma, como el impacto de las medidas puestas en marcha para disminuir el ritmo de contagio, parecen afectar de forma más intensa a determinados colectivos. También en lo social, más allá del origen último de la crisis, las personas y familias que se encuentran en una situación más vulnerable son también los más perjudicados.»

La primera consecuencia de la que hablamos se trata de que, ante la imposibilidad de implementar medidas de control selectivo de la población e identificación de los posibles contagios propios de nuestra era de la información, el confinamiento de la población en sus viviendas ha resultado la medida más extendida en todo el planeta (como venía ocurriendo en términos históricos al revisar documentación de décadas y siglos anteriores). Como ilustración de esto, basta destacar cómo a finales del pasado mes de marzo el 40% de la población mundial estaba confinada en sus domicilios.

La segunda, tanto la enfermedad covid-19 en sí misma como el impacto de las medidas puestas en marcha para disminuir el ritmo de contagio parecen afectar de forma más intensa a determinados colectivos. Respecto a lo sanitario, a falta de identificar estos perfiles con mayor precisión los datos recogidos hasta el momento parece que factores presentes con más frecuencia en las personas mayores (existencia de enfermedades crónicas previas, por ejemplo) pueden ayudar a explicar la mayor severidad de la enfermedad conforme avanza en la edad del enfermo, como se aprecia en la Figura 1.

En lo social, más allá del origen último de la crisis, las personas y familias que se encuentran en una situación más vulnerable son también los más perjudicados, al disponer de menos herramientas para afrontarla.

Todavía es pronto para extraer demasiadas certezas respecto a muchos factores que, sin duda, serán relevante en el análisis de una situación tan difícil y compleja. Sin embargo, sí parece claro que muchas de las problemáticas existentes antes de la emergencia de esta crisis, han quedado aparcadas hasta la resolución (total o parcial) de ésta.

«Las personas mayores que viven en soledad (2,000,000 de personas en 2019, un 11.3% más que en 2013) son considerados un grupo de riesgo de la enfermedad y, al mismo tiempo, este confinamiento domiciliario les dificulta tanto su acceso a los bienes y servicios necesarios como mantener sus relaciones sociales.»

En este post abordamos una de estas realidades previas para ver cómo puede verse afectada por las circunstancias actuales. En concreto, nos centraremos en analizar la situación de las personas mayores que viven en soledad[1], un colectivo que comenzó la situación actual en condiciones de especial vulnerabilidad y, por tanto, enfrenta estos días retos muy diversos y difíciles. Primero, desde el punto de vista sanitario, son considerados un grupo de riesgo por la especial virulencia con la que el virus les ataca, tal y como se refleja en la Figura 1. Segundo, en lo social, este confinamiento domiciliario no sólo dificulta su acceso a los bienes y servicios necesarios sino también pone a prueba su red de contactos sociales, ya que, como indica la Figura 2 su acceso y manejo de las nuevas tecnologías es, términos relativos, más reducido y de peor calidad que el del resto de la población. Como se aprecia, no sólo hay un porcentaje mayor sin acceso, sino que el peso de aquellos que poseen habilidades avanzadas en las distintas categorías es significativamente menor para este colectivo. Esta combinación de factores puede impactar su estado de salud, originando una espiral negativa de consecuencias imprevisibles.

Sobre esto último, el impacto del aumento de la distancia social sobre la salud de las personas, se han iniciado recientemente diversas propuestas que tratan de recoger, en tiempo real y aún de forma provisional, los efectos del confinamiento actual en cuanto al uso del tiempo durante el mismo (Farré y González, 2020) y, también, respecto al impacto psicológico que el mismo provoca sobre los individuos, en función de sus características (Ausín et al, 2020).

«Leigh-Hunt et al. (2017) llevan a cabo una revisión sistemática de la literatura existente (más de 5,000 artículos) respecto al análisis de la relación existente entre el aislamiento social y la soledad con la morbilidad y la mortalidad. Identifican una asociación significativa entre aislamiento social y soledad con el aumento de la mortalidad por todas las causas y del aislamiento social con enfermedades cardiovasculares.»

En nuestro caso, en línea con lo propuesto en la introducción general al Blog, recuperamos publicaciones académicas relacionadas con esta temática. En particular, referimos a Leigh-Hunt et al. (2017), donde se lleva a cabo una revisión sistemática de la literatura existente respecto al análisis de la relación existente entre el aislamiento social y la soledad con la morbilidad y la mortalidad. Para ello, los autores siguen la metodología propuesta en Becker y Oxman (2011) y Smith et al. (2011) -entre otros- basada en la búsqueda sistemática de referencias relacionadas con la temática en las bases de datos públicas[2] para el periodo 1950-2016. En un paso posterior, se determinan las diferencias de los hallazgos (sistemáticos frente a los no sistemáticos) y se aclara la dirección de la causalidad. Así, se identificaron 40 revisiones sistemáticas de estudios principalmente observacionales, que en gran parte estaban aplicada a zonas geográficas desarrolladas.

La evidencia obtenida, resumida en la Tabla 1, identifica una asociación significativa entre aislamiento social y soledad con el aumento de la mortalidad por todas las causas y del aislamiento social con enfermedades cardiovasculares. También, las revisiones sistemáticas narrativas sugieren asociaciones con las enfermedades resultados de salud mental, con menos pruebas de cambios en comportamiento y otros resultados físicos. Estos resultados indican la necesidad de que los responsables institucionales de los distintos niveles de gobierno consideren el aislamiento social y la soledad como un importante factor determinante del nivel de morbilidad y mortalidad y, en consecuencia, dediquen los recursos y capacidades existentes para favorecer el desarrollo de estrategias de prevención tanto desde el sector público formal como desde el sector asistencial voluntario.

De cara a cuantificar el impacto potencial de estos resultados sobre la realidad española, empezamos por cuantificar la evolución reciente del colectivo en el que centraremos nuestro análisis. Así, en la Figura 3, mostramos la evolución reciente (desde 2013) del número de hogares unipersonales de personas de 65 años o más. En términos absolutos (eje de la derecha) se observa un aumento total de 200,000 hogares/personas más a lo largo de este periodo (un 11,3% más). En términos relativos, sin embargo, los pesos de estos hogares siguen constante, más allá de la referencia que se considere. En promedio, representan durante este periodo un 10,4% del total de los hogares. Si los comparamos con el total de hogares unipersonales, los formados por personas de 65 años o más representan un 41,6%. Por último, si observamos la composición según sexo predominan las mujeres, que representan un 72,1%.

Este colectivo, sin embargo, está lejos de ser homogéneo y, por ello, conviene también identificar qué características pueden afectar al impacto esperado de la soledad y el aislamiento social, tanto en términos generales como en una situación como la actual. Por ello, usando los últimos datos disponibles de la última Encuesta de Empleo del Tiempo del INE (publicada en 2010) vamos a analizar los tiempos dedicados a cada actividad (en un día promedio y considerando las categorías principales incluidas en la encuesta).[3] En concreto, agrupamos todos los ítems incluidos en la encuesta en 6 grandes bloques; (a) Cuidado personal, (b) Ocupaciones profesionales (Trabajo y/o estudio), (c) Hogar y familia, (d) Medios de comunicación, (e) Ocio y tiempo libre, (f) Trayectos.

Un primer condicionante del uso del tiempo de nuestros mayores será su situación profesional, como puede verse en la Figura 4. Aun siendo una minoría, los que se encuentren aún activos pasan en media sobre 200 minutos diarios más fuera de casa y dedican menos tiempo en casa a los cuidados personales. También las diferentes actividades realizadas fuera de casa por estos mayores son muy diferentes de las realizadas por el resto. Así, mientras el principal componente para estos son las ocupaciones profesionales, para el resto lo son su dedicación al hogar y la familia y las actividades de ocio. Respecto a aquellas/os que realizan las tareas del hogar o se encuentran inactivos, se observa una menor dedicación de tiempo al ocio y una mayor dedicación al hogar y la familia cuando se encuentran en casa.

A continuación, comparamos un día promedio del conjunto de la población con el de las personas mayores, separando además según sexo y según se vive en un hogar unipersonal o no (ver Figura 5). Se aprecia como nuestros mayores pasan, en promedio, más tiempo en casa -100/200 min aproximadamente, en función del sexo- que dedican principalmente al cuidado persona, a una mayor dedicación al hogar y la familia, en el caso de las mujeres, y a un mayor consumo de medios de comunicación desde casa (TV y/o radio). En cuanto al tipo de hogar, los efectos son cuantitativamente más reducidos, pero apuntan que los mayores que viven solos, en promedio, disfrutan de más tiempo de ocio, medios de comunicación y cuidados personales fuera de casa y, también, pasan menos tiempo con familiares fuera de su domicilio.

Una dimensión con un impacto claro en nuestro análisis es el estado de salud percibido, que en esta encuesta se sitúa en una escala de 1 a 5, que va de “muy bueno” a “muy malo”. Así, en la Figura 6 observamos cómo cambia la dedicación de tiempo dentro/fuera de casa a cada actividad, en función del sexo y el estado de salud de las personas mayores que viven solas. En líneas generales, el impacto de un peor estado de salud se muestra con claridad, en tanto en cuanto un peor estado de salud conlleva, motivado por el incremento necesario en los cuidados personales, una mayor propensión a pasar más tiempo en casa, lo que puede provocar un mayor aislamiento social y más soledad. Por ilustrar este hecho con cifras, de forma agregada vemos cómo aquellos con un estado de salud “muy malo” pasan más del 90 % de su tiempo en casa, donde viven en soledad. Esta situación mejora de forma más significativa hasta el estado de salud “aceptable”, momento en el que, si bien predominan el ocio y los cuidados personales, las actividades fuera de casa se reparten de forma más equilibrada (en línea con el observado para el resto de la población). Esta figura también nos muestra patrones diferenciados según sexo. Por ejemplo, la mayor dedicación al hogar y la familia en casa para los estados de salud intermedios y una menor dedicación a tareas de ocio fuera de casa para las mujeres.

«Una situación de confinamiento domiciliario como la actual iguala “por abajo” a todos los mayores que viven solos, dañando de forma más intensa a aquellos/as que gozan de un mejor estado de salud al condenarles a un aumento de aislamiento social muy pronunciado.»

Hasta ahora, hemos mostrado una interpretación de la situación de soledad y aislamiento social de los mayores, en una situación de normalidad. Sin embargo, estos mismos datos pueden ser útiles, desde un enfoque alternativo, para conocer las posibles pérdidas de bienestar, o las posibles implicaciones en morbilidad y mortalidad, según la evidencia obtenida por Leigh-Hunt et al. (2017). Desde esta perspectiva, vemos cómo una situación de confinamiento domiciliario como la actual iguala “por abajo” a todos los mayores que viven solos, dañando de forma más intensa a aquellos/as que gozan de un estado de salud muy bueno, bueno o aceptable, al condenarles a un aislamiento social muy pronunciado y a sacrificar las actividades realizadas fuera de casa.

Queremos profundizar más en esta idea y medir el esfuerzo que debería asumir cada colectivo si se restringe la posibilidad de realizar dicha actividad fuera del domicilio. En concreto, para cada tipo de actividad y colectivo (según sexo y tipo de hogar), computamos en la Figura 7 el porcentaje de tiempo dedicado en un día promedio por los mayores fuera de casa a la misma. Se observa cómo el patrón de los mayores se diferencia claramente del obtenido para el resto de la población. Para los que se encuentran activos profesionalmente, estas ocupaciones la principal partida a ajustar ante una restricción de la movilidad. Para los mayores, sin embargo, el ocio, el hogar y la familia y los cuidados personales -sobre todo para los hombres- son las actividades que de forma más intensa se verían afectadas. En cuanto al hecho de vivir en soledad, no parece afectar de forma significativa ni el patrón de las actividades realizadas, aunque se observan ligeros incrementos en cuanto al tiempo dedicado al ocio y a los cuidados personales.

Tras esta visión general, en la Figura 8, observamos cómo impacta el estado de salud de los mayores que viven solos en cuanto al perjuicio sufrido ante una situación de confinamiento domiciliario. La tendencia general observada indica que, como se comentó, son los que tienen un mejor estado de salud los que se ven más afectados ya que los de peor estado de salud ya observan permanecer en casa todo el día como su normalidad. Por tanto, nos situamos ante el peligro de que este mayor aislamiento social y soledad afecte el estado de salud de los primeros, y transformemos en permanente esta situación transitoria. Según sexo, si bien los perfiles son similares en cuanto a composición, se observa cómo las mujeres permanecen más en casa con lo que el impacto sobre ellas sería menor.

A la fecha de elaboración de este documento (primeros días de mayo), el Gobierno de España ha aprobado un plan de desescalada en el que se incluye en una primera fase la posibilidad de realizar paseos y hacer deporte de forma individual, y separando distintos colectivos según franjas horarias. En cuanto a los mayores, pueden realizar paseos en dos franjas horarias diarias (de 10:00h a 12:00h y de 19:00h a 20:00h). Para concluir nuestro análisis, queremos comparar el ritmo diario de nuestros mayores con estas franjas para ver si se ajustan a los momentos donde este colectivo suele/solía realizar actividades fuera de casa. El resultado podemos verlo en la Figura 9. El ritmo diario de nuestros mayores responde a dos picos de actividad fuera de casa, más allá de que el nivel y la composición de los picos pueda ser ligeramente diferente según sexo y tipo de hogar. En cuanto al ajuste a las franjas horarias incluidas en el plan podemos ver cómo el ajuste permite capturar parcialmente los picos obtenidos con los datos de la Encuesta de Empleo del Tiempo.

De cara a las próximas fases, una vez el abanico de actividades a realizar sea más amplio, se pueden usar estos datos para mejorar el ajuste conseguido. Primero, se puede retrasar la franja matutina -hasta situarla de 11:00 a 13:00- con lo que el porcentaje mínimo de mayores realizando actividades fuera de casa aumentaría un 20%. Segundo, este colectivo tiene mayores niveles de actividad en la categoría “Cuidados personales (fuera de casa)” en la franja horaria del almuerzo. Este hecho, una vez se recupere actividad en el sector de la restauración y/o la hostelería podría tenerse en cuenta a la hora definir los detalles de las fases sucesivas del plan aprobado desde el Gobierno.

«Esta situación puede conllevar empeoramientos de su estado de salud que se pueden cronificar y, por lo tanto, favorecer la creación de un círculo vicioso de fatales consecuencias. Dado su menor margen (físico y temporal) de recuperación, tenemos que ser consciente de la importancia y urgencia de enfrentar esta tarea con determinación.»

En resumen, el colectivo de mayores que viven solos es un colectivo que viene creciendo en los últimos años y que, en promedio, enfrenta muchos y variados retos con causas que si bien vienen no tienen su origen en la actual crisis sanitaria, sí que pueden verse intensificados por ella. Entre otros posibles riesgos, se pueden ver sometidos a un mayor aislamiento social y a mayores niveles de soledad que, según hemos mostrado, pueden conllevar empeoramientos de su estado de salud que se pueden cronificar y, por lo tanto, favorecer la creación de un círculo vicioso de fatales consecuencias. Por ello, tanto las autoridades del sector público formal como los responsables de las institucionales sociales asistenciales y las propias familias y amigos de ellos deben actuar para mitigar este hecho en lo posible. Dado su menor margen (físico y temporal) de recuperación, tenemos que ser consciente de la importancia y urgencia de enfrentar esta tarea con determinación.

Tablas y figuras

Figura 1: Distribución del número de casos por grupos de edad y situación clínica. Casos de COVID-19 notificados a la RENAVE
Fuente: Ministerio de Sanidad, Informe COVID-19 nº 27. 30 de abril de 2020
Tabla 1: Principales resultados obtenidos en Leigh-Hunt et al. (2017)
Fuente: Leigh-Hunt et al. (2017), tabla 3
Figura 2: Uso de Internet o software, por motivos particulares, y tipo de habilidad, por características demográficas
Fuente: Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los hogares (INE)
Figura 3: Número de hogares Unipersonales (65 años o más), evolución reciente
Fuente: Encuesta Continua de Hogares (INE)

 

Figura 4: Uso del tiempo (día promedio) de los mayores, según situación profesional
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Figura 5: Uso del tiempo (día promedio) de los mayores, según sexo y tipo de hogar
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Figura 6: Uso del tiempo (día promedio) de los mayores que viven solos, según sexo y estado de salud
Hombres
Mujeres
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Figura 7: Impacto confinamiento COVID-19 sobre las personas mayores, según tipo de actividad (minutos diarios, día promedio)
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Figura 8: Impacto confinamiento COVID-19 sobre las personas mayores que viven solas, según tipo de actividad (minutos diarios, día promedio)  
Hombres
Mujeres
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Figura 9: Uso del tiempo en un día promedio de los mayores, según sexo y tipo de hogar
Mayores (H) Mayores (M)
Mayores (H, Unip.) Mayores (M, Unip.)
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE)
Notas: Las zonas sombreados en rojo (verde) son las franjas horarias en las que las personas mayores NO (SI) pueden realizar paseos,

Referencias

  • Arrondel, L., Masson, A. (1999). Les transferts entre générations: L’Etat, le marché et les familles. Futuribles, (247), 5–40.
  • Ausín, B., González-Sanguino, C., Castellanos, M.A., López-Gómez, A., Saiz, J., Ugidos, C. (2020) “Estudio del impacto psicológico derivado del Covid-19 en la población española (PSI-COVID-19)”, Primeros resultados, Cátedra extraordinaria UCM-Grupo 5, Contra el estigma.

Link: https://www.ucm.es/file/estudio-grupo5-univ-complutense-observatorio-impacto-psicologico-covid19-psi-covid-19

  • Becker LA, Oxman AD. (2011) Cochrane handbook for systematic reviews of interventions. Chapter 22: overviews of reviews.

Link: https://handbook-5-1.cochrane.org/chapter_22/22_overviews_of_reviews.htm

Farré, L. y Gónzalez, L. (2020) “¿Quién se encarga de las tareas domésticas durante el confinamiento? Covid-19, mercado de trabajo y uso del tiempo en el hogar”, Blog Nada es gratis.

Link: https://nadaesgratis.es/admin/quien-se-encarga-de-las-tareas-domesticas

  • Leigh-Hunt, N., Bagguley, D., Bash, K., Turner, V., Turnbull, S., Valtorta, N., & Caan, W. (2017). An overview of systematic reviews on the public health consequences of social isolation and loneliness. Public Health, 152, 157-171.

Link: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28915435

  • López López, M. T., González Hincapié, V. and Sánchez Fuentes, A. J. (2015) Personas mayores y solidaridad intergeneracional en la familia. El caso español, Madrid: Ediciones Cinca.
  • Masson, A. (2001). Economie du débat intergénérationnel. Points de vue normatif, comptable, politique. DELTA (cole Normale Supérieure).
  • Masson, A. (2002). Economie des transferts entre générations : altruisme, équité, réciprocité indirecte, ambivalence. Démographie et économie. Rapport Pour Le Conseil d’Analyse Economique, 35, 241–256.
  • Smith V, Devane D, Begley CM, Clarke M. (2011) Methodology in conducting a systematic review of systematic reviews of healthcare interventions. BMC Med Res Methodol, 11:15.

Link:https://bmcmedresmethodol.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-2288-11-15

[1] A partir del modelo de Arrondel y Masson (1999) y de Masson (2001; 2002), se puede identificar cinco generaciones en la familia: adolescentes (15 a 18 años), jóvenes (19 a 30 años), adultos (31 a 49 años), pivote (50 a 64 años) y personas mayores (65 años o más), cuyos rangos de edad se han adaptado a las características del caso español, considerando la posición en la descendencia familiar y en el mercado laboral (López López et al. 2015). En nuestro análisis, nos concentramos en la última de ellas.

[2] Se usan en el studio las siguientes bases de datos: Web of Knowledge; SCOPUS; EMBASE; ASSIA; Medline; PsycINFO; Campbell Collaboration y Database of Abstracts of Reviews of Effects, comenzando el estudio a partir de más de 5,000 estudios preseleccionados.

[3] A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, esta encuesta representa la última encuesta disponible sobre una muestra representativa de la población española.

Antonio Jesús Sánchez Fuentes 

Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI-UCM) & GEN-Uvigo

Director del Grupo de Investigación “Políticas de Familia de la U. Complutense de Madrid.